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Me acuerdo la primera vez…

19 junio 2018
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Me acuerdo la primera vez que me fui a vivir sola a otro país. Tenía 18 años, casi 19. Me fui a Vancouver. Me había graduado de prepa por obra del espíritu santo, porque estuvieron a punto de correrme, pero logré graduarme. En ese tiempo, de verdad no entendía racionalmente ¿para qué estudia la gente tanto? (más bien las mujeres) de por si graduarme de prepa fue complicado, ahora estudiar una carrera, y peor aun ¿una maestría? ¿están locos?… ¿quién y porqué hacen eso? Así era mas o menos mi mentalidad, realmente sí creía que si te ibas a casar que necesidad de estudiar tanto (imagínense, de aquí se desprende toda mi vida).

Por mi bendita suerte también, algo desconocido, y sin identificar, me hacía moverme. Inconscientemente empecé a hacer cosas; algo sí sabía: era rebelde, me gustaba la fiesta, vivía enamorada del amor, tenía miles de amigas, y no me iba a quedar en paz.

Entré a estudiar la carrera de fotografía, fue lo primero que se me ocurrió que podría estudiar en una universidad (una no muy reconocida por su nivel académico), y pensé en cualquier carrera que no involucrara números, ni enciclopedias. Cuando entré a fotografía por supuesto que no me encantó, solamente llenaba un pequeño hueco y una necesidad por “hacer algo”, no sabía que cada paso me llevaría hasta aquí.

Decidí abortar la misión de la carrera de foto a los seis meses y me inscribí a un curso de inglés en Vancouver, y a una escuela de maquillaje profesional (otra carrera que se me ocurrió que era creativa, no llevaba matemáticas ni estudios muy profundos). Así que llegué a Vancouver a una escuela de la YMCA, de esas típicas de película con lockers, gym y comedor de estudiantes. Llegué a hospedarme a una familia canadiense con una mezcla de ascendencia de Croacia o algún lugar de por ahí, no recuerdo bien, de dos señores ya grandes, de aproximadamente 60 y 70 años, y una hija como de aproximadamente 28 años que se llamaba Marianne.
En la escuela hay estos programas donde te quedas con familias, y rentas un cuarto de su casa, y “vives” la cultura… Todo iba muy bien en la escuela, hice amigos de brasil, mexicanos, colombianos, una muy buena amiga de Suiza con quien practicaba mi inglés porque lo hablábamos igual de mal. Iba a la playa los días de sol, y me sentía súper adulta porque cumplí 19 años y ya era mayor de edad, así que en Canadá la mayoría de edad es esa, cuando ya puedes tomar alcohol.

Tuve aventuras divertidas, salía de fiesta ¡y por primera vez me di un beso a un desconocido! Era un brasileño, que obviamente jamás me volvió a hablar y yo me sentí súper usada, y rechazada. Después entendí que no iba a encontrar al amor de mi vida así, ni en ese viaje (sigo tratando de entenderlo, jaja).

Fue la primera vez que experimenté la vida, las decisiones, la responsabilidad, la soledad…
Ahí conocí amigas mexicanas, que eran un poco más grandes que yo de edad, ellas vivían en un departamento solas, para mi esa idea de vivir sola en otro país era impensable por la filosofía de mi familia, así que solo iba de vez en cuando de visita con ellas.

Los señores de la casa con los que vivía raramente los veía, solo llegaba a dormir y algunas veces a comer. Vivía en unas lomas residenciales cerca de la ciudad, donde todos los días llegaba el camión a la esquina a la hora en punto para irme a la escuela, el trayecto era por una larga calle que se llama Hastings, una de las más conocidas por vivir todos los homeless, junkies y adictos a la heroína. En Canadá hay programas de protección a las personas adictas, no conozco bien cómo funciona, pero les proporcionan jeringas y espacios para no contagiarse de enfermedades.

Cada día que pasaba por ahí en el camión me quedaba mirándolos, uno tras otro, sentados en las banquetas, recargados en las puertas de los locales cerrados, hablando solos con carritos de súper llenos de sus vidas enteras ahí guardadas, siempre sentía mucho dolor de imaginarme sus trágicas vidas abandonadas… y así cada día.

Un día, después de aproximadamente dos meses de estar en esa ciudad, empezaba el frío, y regresando a mi casa canadiense, la señora me estaba esperando en la cocina, era en el piso de arriba, una casa clásica blanca, con una entrada alfombrada color hueso, un sótano, y tres cuartos.
Llegué a saludarla, y me dijo tantas cosas que apenas puedo recordar, me dijo que no le gustaba que estuviera en su casa, que era una niña chiqueada, protegida por mi familia que no sabía hacer nada… entre otros 30 minutos de ofensas que no recuerdo bien. Me acuerdo mi sensación de soledad y abandono. No sabia qué iba a hacer… Hablé con mi familia, y obviamente se preocuparon por mi, pero tampoco podían hacer mucho, al día siguiente hice mi maleta y me fui de su casa, solamente me despedí de la señora, no recuerdo ni siquiera como. No tengo ningún recuerdo de haber sido grosera, o algo parecido. No quiero justificar, pero a esa edad me tomé absolutamente cada palabra personal, y me sentí la niña más mierda del planeta.

Me fui a vivir con mis tres amigas del departamento, que muy amablemente me compartieron un pedacito de su piso, en un colchón inflable a un lado de la cocina; donde podría perfectamente cocinar y estar parada sobre mi colchón inflable, que en esos momentos desamparados me sentí super acogida.

Mis papás me dijeron que si quería me podía regresar a México, pero por alguna extraña razón, me quise quedar (Creo que estar “de independiente” en un departamento me dio empoderamiento).

Después de eso, seguí en la escuela, haciendo amigos, saliendo de fiesta, iba a mis clases de maquillaje, en este tiempo, era un gran hábito y desahogo para mi y cada día escribía en mi diario personal, que guardaba dentro de mi maleta, todos los días sin falta.

Escribía sobre mis amigas, mis galanes, mis días, mis clases, y todo, absolutamente todo lo que sentía… Un día, llegué al departamento, y mis cosas estaban afuera. Sí. Mis maletas afuera. No entendía nada. Llegué, toqué la puerta, y las tres roomates abrieron la puerta al mismo tiempo y les pregunté ¿que pasó?, nadie me decía nada.

Hasta después de un rato, me confesaron que abrieron mis cosas y leyeron todo mi diario… y que estaban enojadas conmigo por todo lo que había escrito, así que, obviamente si yo escribía absolutamente todo, había cosas de ellas ahí escritas, sin filtro, sin maquillaje, sin nada, sin más… No hubo forma de justificar cada palabra que había escrito, y aunque en mi defensa ellas atentaron contra mi privacidad, yo salía perdiendo de cualquier lado que lo quisiera ver.

Después de llorar, pedir disculpas infinitas, enojarme, llorar de nuevo. Una vez más, me sentí sola, abandonada, desamparada literal. Hablé con mis papás y ellos se empezaron a preocupar por mi, por obvias razones, algo muy malo estaba pasando conmigo, yo también me lo pregunté. La realidad es que no lo sé, no puedo decir que yo fui en todas las experiencias la mala o la buena del cuento, simplemente estaba siendo yo, así como soy.

Probablemente la gente no se sentía cómoda conmigo, o probablemente yo no me sentía cómoda con esas personas. Y así fue. Para mi otra vez “buena” suerte, tenía amigos mexicanos en los departamentos de ahí mismo que me dejaron estar mi ultimo mes corrida de todos los lugares. Já.

Mi mamá me dijo que me regresara, que no tenía porqué estar allá, que no tenía necesidad de estar allá sufriendo, gracias a Dios sentía ese apoyo incondicional a distancia, y por alguna extraña razón (nuevamente) decidí quedarme hasta finalizar lo que me había ido a empezar.

Y así fue; terminé mi curso de inglés, me gradué de la escuela de maquillaje profesional, y por fin regresé a México. No saben con las ganas que volví, y lo duro que fue vivir eso. Probablemente dicen, ay equis, no fue nada, o no lo sé. Pero para mi en ese momento fueron experiencias súper dolorosas, y tristes. Probablemente marcaron mucho mi personalidad de ahora, la vulnerabilidad de ahora, la fortaleza de ahora, me dio todo eso, muchas herramientas para lo que seguía en mi vida. Y lo fui logrando, poco a poco.
Probablemente aquí inició mi historia.

Espero alguna que esté leyendo se pueda identificar con estas partes rotas.

Love,
Ch.

CherryChris
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Comentarios:

15 thoughts on “Me acuerdo la primera vez…”

  1. @goloCYNa dice:

    Es la entrada más bonita que he leído. Gracias por compartir. Vivir fuera de MéXico te marca como nada, cada experiencia es más intensa, los amigos más íntimos, los enojos más negros y las tristezas más dolorosas. Creo que saberse “sin nadie” te pone en contacto contigo y eso es difícil aunque al final hermoso.

  2. Charito dice:

    Me supera indentifico contigo ch!
    Gracias por compartir y hacerme saber que no soy la única que la cago cuando estaba chava!

  3. Yazmin Roman dice:

    Que bonito que abras esa puertita de ti qué o probablemente te costo mucho. Porque exactamente, uno se siente vulnerable al exponerse de esta manera. Me siento muy identificada contigo y con lo que he vivido estos últimos dos años, de hecho hace poco quería escribirte porque me sentí muy identificada cuando contaste sobre la escuela y sobre qué nunca habías leído un libro entero hasta que fuiste más grande. Creo que aún estoy en la búsqueda de mi lugar en la vida pero algo que me tranquiliza es que creo estar en el camino (no en el fácil) pero si en la que te deja marcas, del que aprendes y el que te forma la personalidad en la vida.
    Eres una persona que inspira.
    Un gusto leerte!

  4. Montse dice:

    De verdad disfrute mucho leer tu experiencia. Creo que me identifiqué bastante contigo y que padre ver como este tipo de experiencias te han hecho llegar hasta donde estás.

  5. Nathalie dice:

    Hola me gusta que compartas estas historias de vida que nos hacen verte más humana , como todos que pasamos por cosas tristes , experiencias que nos hacen ser lo que somos ahora. Me gustaría que compartieras la continuación cuando regresaste a Mexico , después de pensar que para que estudiar siendo mujer y entrar a la universidad a estudiar tu carrera.

  6. APM dice:

    Acabas de hacer que recuerde mi llegada a mty. Fue un inicio difícil e igual que tu, estaba siendo yo, con mis buenas y malas decisiones. A veces me pregunto que hubiera sido de mi si no me hubieran pasado esas cosas tan dolorosas, pero creo q como dices, todo ayuda a q al finam encuentres el camino. Saludos

  7. Montse Díaz dice:

    Hola Chris, ¿Como estas?
    Leer esto me recordó cosas que me pasarón en Playa, el sentirte sola, Vulnerable.
    Pero que increible el que te animaras a vivir en otro país tan chica.
    Muy lindo post <3

  8. Fersan dice:

    Creo qu de verdad es difícil salir de casa y tomar nuevos riesgos❤️ Pero al final terminan siendo súper buenos recuerdos por qué nos hacen ser lo que hora somos! Saludos Cherry

  9. Elva Gómez dice:

    Ayyy no casi lloro, soy mamá de una niña de 15 y se que en algún momento de su vida pasará por esta etapa de crecimiento y de encontrarse sola con gente que quizá no la entienda, pero sé que al final del día , esa experiencia la hará mejor persona en su vida como paso contigo Chris💐❤️

  10. Monica Mendoza dice:

    Extrañaba un montón estos post

  11. Ana Paula dice:

    Admiro tu facilidad para poner en palabras tus sentimientos tos e ideas. A mi me cuesta muchísimo trabajo. Sobre todo admiro la sinceridad que transmiten. Que padre que hayas tenido la determinación de continuar con tus proyectos a pesar de las dificultades, claro que desde ahí estabas definiendo tu personalidad. Que sigas viviendo y experimentando cosas buenas y de mucho aprendizaje en tu estancia en París. ¡Felicidades!

  12. Diana dice:

    Me identifiqué tanto! Cuando me fui de intercambio a España me pasó algo similar, yo simplemente era yo y los demás me tachaban de niña mimada. Solo me comportaba como en mi casa, donde estás acostumbrada a que te consientan y te atiendan y pues ahí era diferente pero jamás me di cuenta hasta que 3 personas me reclamaron varias cosas. Me sentí súper triste e incómoda y acabé mudándome de piso con una amiga italiana, pero aún lo recuerdo y me duele.

  13. Liz dice:

    Que valiente

  14. Janeth chavez dice:

    Qué padre escribes!

  15. CLL dice:

    Lloré… de verdad. Yo he pasado por esa sensación de que me saquen mis cosas a la calle, esculquen mi privacidad pero sabes que ha sido lo peor, que ha sido mi propia familia, en mi misma ciudad, me quitaron a mi hijo casi 2 semanas… ha sido horrible vivir esas experiencias sentirme botada peor que un perro, porque no les gustaba lo que hacía, en lo que trabajaba, con quien andaba, porque dejaba a mi hijo todo el día, porque apoyabas mi papá con su nueva relación…
    Son momentos súper dolorosos, al final tu estabas allá sola igual que como yo lo estuve en algún momento, pero tenías el apoyo de tu familia y yo, no tenía más que a mi “novio” que al final fué el único que estuvo ahí para apoyarme… Y mira, después de todo eso, de haber vivido aquí y allá, de dormir en una bodega por 1 semana, de no tener más que dos cambios de ropa prestada, porque me sacaron a la calle sin nada! ahora soy la que acompaña a mi madre… no guardo rencor, ni odio, ni coraje en mi corazón, pero ese “lazo” como que se rompió y no sé cómo se arregla algo así, lo que sé, es que ahora soy mucho más fuerte, porque superé eso y mi familia terminó necesitándome primero. Gracias por abrir tu corazón, te escribo esto con lágrimas en los ojos, porque me recordaste que somos más fuertes y valemos más de lo que creemos y que siempre hay que ser nosotros mismos! XO Cherry!

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